De cuando Paco Ignacio Taibo II quiso ser escritor y apareció en Lyon

Artículo publicado en Somos Mass 99

Al final del mes de marzo tuvo lugar en Lyon el festival internacional de novela negra Quais du Polar. Se trata de uno de los festivales de este tipo más importantes de Francia y de Europa, con invitados de todo el mundo y una programación impresionante: conferencias, una inmensa librería, colaboraciones con cinemas, teatros, bares, bibliotecas… Este año, Quais du Polar dio una importancia especial a los autores latinoamericanos, entre los cuales se encontraba el mexicano Paco Ignacio Taibo II.

A modo de introducción: el periodista anda un poco despistado

Solidaridad con Ayotzinapa - Foto: Claire Denis

Solidaridad con Ayotzinapa – Foto: Claire Denis

Hasta el último minuto, el autor de estas líneas no supo si podría entrevistar a Paco Ignacio Taibo II. No había obtenido ninguna respuesta de la agregada de prensa que había contactado dos veces para ello. El sábado por la mañana, mientras estaba en la cola para asistir a la conferencia “La vida misma: Una hora con Paco Ignacio Taibo II”, lo distinguió charlando con unas personas y fumando un cigarrillo. Explicó su caso a una de las numerosas voluntarias del festival y ésta, muy amable, le presentó a un hombre joven que estaba hablando con él. Se trataba de François Pirola, el director de Quais du Polar. Éste (también muy amable) le dijo que sí, podría entrevistarlo sin ningún problema y, a su vez, le presentó a Taibo II. Después de encender otro cigarrillo, el autor (por supuesto muy amable) le saludó con una gran sonrisa y un apretón de manos vigoroso. Un servidor volvió a explicar su caso (“Quería entrevistarle pero…”)

— Sí, por supuesto, si quieres. Ve con ella —dijo indicando a una mujer joven a su lado.

Se trataba de Claire (igualmente muy amable), la agregada de prensa de la editorial Rivages Noir, que publica las novelas negras de Taibo II en Francia. Ella no recordaba haber recibido mensajes para una entrevista. Los dos consideraron que eso no tenía ninguna importancia y acordaron una cita para el día siguiente (aunque al principio él entendió que la cita era para la tarde misma, pero ésta es otra historia…).

Unos minutos después, mientras subía las escaleras del ayuntamiento de Lyon para asistir a la conferencia, el entrevistador recordó que le habían dado el contacto de la agregada de prensa de otra editorial, Métailié, la que publica sus ensayos.

Quais du Polar y México

En 2011, el Año de México en Francia, que consiste en una serie de manifestaciones culturales y artísticas, se encontró en medio de tensiones diplomáticas entre los dos países. En pleno caso Florence Cassez, unos políticos, entre los cuales el entonces Presidente de la República Nicolas Sarkozy, instrumentalizaron el evento para presionar al gobierno mexicano, amenazando de cancelarlo. Lo que hicieron unas alcaldías e instituciones culturales. Después de que el gobierno mexicano anunciara que se retiraba del Año de México, el festival Quais du Polar formó parte de los pocos que mantuvieron su programación y su invitación a varios autores mexicanos. “Cualquiera que sea la situación de un país y sus relaciones con Francia, nos parece importante que la cultura pueda ser un vector de intercambio y de diálogo”, indicaban los organizadores en un comunicado. Añadían que parte de su misión era “favorecer encuentros entre autores mexicanos y sus homólogos venidos del mundo entero y proponer al público una apertura sobre un país que posee una cultura rica y abundante y una fuerte tradición de literatura negra”.

En la breve autobiografía que redacta cada autor invitado para el programa, Martín Solares había escrito: “El novelista Martín Solares ha sido secuestrado con un grupo de artistas en la frontera entre Francia y México. ¿Los presuntos sospechosos? El presidente Sarkozy y el presidente Calderón”. Una respuesta en el tono del humor, muy en el estilo de Paco Ignacio Taibo II.

Foto: Claire Denis

Foto: Claire Denis

Preguntas trascendentales, Robin Hood, marxistas aburridos y caza con pan duro

Durante los tres días que pasó en Lyon, Paco Ignacio Taibo II casi no paró un segundo: conferencias, firmas de libros, charlas… A pesar de eso (y de que el chofer le olvidara en el aeropuerto y que tuviera que buscar un hotel para la primera noche por sus propios medios), hizo todo con la simplicidad y el humor que lo caracterizan. La conferencia que dio el sábado fue la oportunidad para las personas que no lo conocen (o poco) de descubrirlo, y para las que ya son lectores suyos de poder “leerlo en vivo”. Porque habla como escribe (a no ser que sea lo contrario): política, anécdotas personales, referencias literarias e históricas, saltando de un tema al otro, pero siempre de manera lógica, y desatando risas entre la asistencia cada dos minutos.

Cuando tenía cinco años, su padre le preguntó lo que quería hacer en la vida. “Bombero, trapecista y escritor”, respondió el niño. Unos cuarenta años después, mientras le acompañaba a dar de comer a los patos con pan duro (“pero realmente les tiraba pan duro: mi familia no es políticamente correcta y no somos ecologistas”), su padre volvió a hacerle la misma pregunta:

—¿Qué mierda de pregunta es esa?

—No, es una pregunta muy seria. ¿Qué quieres hacer en la vida?

—Yo quiero ser trapecista, bombero, karateka, saxofonista y escritor.

—¿Pero sabes bien la verdad?

—Sí, ya sé la verdad.

—Y entonces, ¿cuál es la verdad?

—Que si eres escritor, no necesitas ser trapecista, karateka, etc. Si eres escritor, puedes ser todas esas cosas.

—Has aprendido algo en cuarenta años —sentenció el padre y siguió cazando a los patos.

Autor de novelas negras, ensayos, biografías, y activista incansable, su formación política está estrechamente vinculada a la literatura. Considera que forma parte de la primera generación de militantes de la izquierda mexicana que se formó en la novela y no en los círculos marxistas.“Mientras la izquierda mexicana más aburrida hacía círculos de estudios, nosotros releíamos Los tres mosqueteros. Nos nutríamos de la filosofía de Robin Hood. Teníamos una lectura crítica del Conde de Montecristo. El Conde de Montecristo era el derecho a la venganza. Y vivíamos en sociedades que querían vengarse: agravio continuo, abuso del poder, injusticia. El Conde de Montecristo era la venganza y Los tres mosqueteros eran el honor. Y pensábamos que había que construir una izquierda con sentido del honor, y con sentido del humor. Es fundamental”. De ahí la importancia de la novela policiaca —y de autores norteamericanos como Chandler, McCoy o Hammett— porque el hecho criminal es revelador del tipo de sociedades en las que vivimos. Y porque la ficción permite“una dimensión subjetiva de la historia” y un nivel de profundidad mayor que el que ofrecen la sociología o el periodismo, según él.

Taibo II creció en una familia muy politizada, de socialistas del lado de su padre y de anarquistas del lado de su madre. Un tío abuelo suyo, que tuvo una gran influencia en él, no admitía que le pasaran el pan en una bandeja y consideraba que éste se debía cortar del lado del corazón. También le decía cosas como: “Los escritores son la voz de los mudos, el ojo de los ciegos y el oído de los sordos”. Cosas que no entendía bien cuando era joven pero que formaron tanto al hombre como al escritor y al militante. En un mundo donde la única propuesta consiste en triunfar, triunfar individualmente en los demás, “subir la pirámide pisando los cráneos de los otros”, él alaba el triunfo colectivo porque“se baila mucho mejor juntos y tomándose de la mano”.

Festival Quais du Polar - Photo : Claire Denis

Festival Quais du Polar: PIT II entre su interprete y el periodista Michel Abescat – Foto: Claire Denis

El peligroso oficio de escribir

Paco Ignacio Taibo considera la profesión de escritor como un oficio artesanal que requiere técnica y sabiduría. Y los colegas que la ejercitan como burócratas, con todos sus rituales, le desesperan. Él ha inventado su propia medida literaria: las “horas nalga”. Un libro tiene 6 000 horas nalga, otro 3 000.“Porque hay que meter horas nalga, que son el tiempo frente a la pantalla del ordenador, de autocrítica, perfección literaria, batalla contra la mala adjetivación, etc.”

Mientras escribía la biografía de Che Guevara, trabajaba 14 horas diarias. Y cuando se iba a dormir le aparecía el Che, obligándole a hacer trabajo voluntario y a construir una escuela con ladrillos. Una verdadera pesadilla para él, que se considera a sí mismo un pésimo trabajador manual. Terminaba las noches agotado, y además con la sensación de que al Che no le gustaba lo que estaba escribiendo.“Estás dentro del personaje y sales de él para para contarlo. Es un juego esquizofrénico. Entonces yo terminé paranoico”.

Para El retorno de los tigres de la Malasia, una novela de aventura inspirada por los personajes del italiano Emilio Salgari, tuvo que pasar un año estudiando todo tipo de cosas: ¿Cómo vuelan los albatros? ¿Cuál es la diferencia entre el carbón vegetal y el carbón mineral? ¿Cuál es la distancia que puede recorrer un barco de vapor? ¿Cuáles son las ceremonias sexuales y rituales de los dayaks de Borneo? Hasta las cosas“más idiotas”: ¿Cómo hacen el amor los cocodrilos? Para responder esta última pregunta, pasó tres días consultando con biólogos y visitando el zoológico de la Ciudad de México. Hasta que la directora le explicó que no tenían cocodrilos sino sólo caimanes. “A estas alturas me sirve”, contestó divertido.

Una de las cosas que más le importan como escritor es que no le pongan etiqueta. El problema no es el género en sí sino el tipo de historia que tiene a mano y cómo contarla. A veces uno tiene una historia tan fuerte que la ficción la debilita, entonces hay que hacer no ficción. Otras veces la ficción potencia la historia porque permite una dimensión subjetiva de la historia. Por eso considera que son los escritores quienes tienen que ser propietarios del género y no lo contrario. ¿Su filosofía en materia de géneros? “La de Speedy González, el ratoncito: ‘¡Vamos, vamos, vamos!’”.

Una de las constantes de sus novelas es esa frontera muy tenue entre realidad y ficción: desde Houdini a Stan Laurel, pasando por Trotski o Hemingway, ya no se cuentan los personajes reales a los que ha hecho vivir aventuras salidas de su imaginación. “Es una mentalidad de predador. Hay ciertos personajes de lo que llamamos la realidad que son carne de cañón para la literatura.” El caso de Ernest Hemingway es uno de los más interesantes y divertidos de sus novelas. Un día se dio cuenta de que había un vacío de unos doce días en la vida del autor estadounidense. Entonces fue a su casa en Cuba, leyó su diario, leyó todos sus biógrafos. Nada. Nadie sabe lo que hizo Hemingway durante ese tiempo. “Hay un vacío de doce días. No es de nadie, es mío. Esos doce días son míos.”

Y fue así como en la novela Retornamos como sombras Hemingway, después de emborracharse en su casa de Cuba, se despertó en un manicomio mexicano sin recordar cómo había llegado ahí, antes de ir a pelearse contra nazis en Veracruz al lado del personaje del Poeta.

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